Ganadería Inteligente: el uso de sensores en la producción

Al hablar de tipos de ganadería –cría, recría, engorde, lechería– hay variaciones inmensas en el manejo, la infraestructura y los retos que cada una presenta. En ese marco, la adopción de sensores y dispositivos conectados aporta una nueva capa de información que antes resultaba impensable.

Desde campos que hacen pastoreo rotativo hasta feedlots de alta densidad, los sensores ofrecen la posibilidad de conocer al rodeo “por dentro”: actividad, salud, consumo de alimento, ubicación y más.

Y en el medio de ese camino aparecen productores que ya están probando collares inteligentes, comederos que registran kilos ingeridos, cámaras termográficas, e incluso sensores que alertan bajadas de consumo u otros indicios de enfermedad. Es un terreno donde lo técnico se junta con lo productivo pero también con lo humano: decisiones, recursos, cambios de hábito, nuevos roles. 

Sensores aplicados a los sistemas de producción

Los sensores en ganadería se pueden distribuir de múltiples maneras según el objetivo, y su aplicación varía bastante dependiendo del tipo de ganadería: los sistemas extensivos de cría tienen otras lógicas que los de engorde intensivo o lechería. Algunas aplicaciones clave:

  • Para ganado de carne en sistemas de engorde: se usan comederos inteligentes que identifican a cada individuo mediante RFID y miden cuánto come cada uno. En Argentina, un desarrollo del INTA Anguil permitió medir el consumo diario individual y así distinguir animales más eficientes o con problemas de comportamiento.
  • En lechería o en sistemas donde la salud reproductiva es prioridad, collares inteligentes miden temperatura, movimiento, rumia, ubicación, y pueden alertar por ejemplo cuando la vaca está en celo o muestra indicios de enfermedad. 
  • Para el sistema de pastoreo extensivo, hay sensores de geolocalización, imágenes satelitales o de drones, que permiten estimar la biomasa, estado del potrero, distribución de los animales. 
  • También se instalan sensores en bebederos, tanques de agua, niveles de agua, alertas de falla del suministro, etc. En una explotación extensiva donde el acceso a servicio técnico o supervisión humana es limitado, estos sensores pueden marcar la diferencia. 

En otras palabras: el sensor en un sistema de cría mayormente extensivo tendrá que lidiar con mayor escala, menos infraestructura, grandes potreros; en cambio, en engorde o lechería habrá mayor densidad, más control y más posibilidad de instalar dispositivos individuales.

¿Cómo impacta según los tipos de ganadería?

Cría y recría extensiva

En este tipo de producción —por ejemplo campo abierto, pastoreo natural, gran escala— el desafío radica en manejar grandes superficies, distribución indiscriminada del ganado, animales dispersos. Allí los sensores juegan un papel más global: seguimiento de ubicación, límites de potrero, alertas de animales que se escapan, monitoreo de agua y pasto. 

Por ejemplo, sensores en tanques de agua que avisan baja de nivel o en alambrados virtuales que reconocen que un animal cruzó el límite. Esta capa de monitoreo ayuda a prevenir pérdidas que en ese contexto pueden pasar desapercibidas.

Engorde a corral o semi‑intensivo

En el país se puede aplicar tecnología individual, como comederos inteligentes que registran el consumo de cada animal, o collares que detectan cambios de comportamiento que podrían indicar enfermedad. 

En Argentina ya se usa la identificación individual electrónica y sensores en comederos para bovinos, para medir la conversión de alimento. Esto permite al productor identificar aquellos animales que “no están tirando” como deberían, y tomar acción temprana. La ventaja es que los procesos están concentrados y la escala por animal permite justificar la inversión. 

Lechería

Aquí también hay oportunidades de sensores, por ejemplo collares o tags que detectan el celo, salud de la vaca, producción de leche, detección de mastitis mediante conductividad u otros sensores. 

En tambo, los costos de fallas reproductivas o salud se sienten de inmediato. Un sistema que avise “esta vaca está con fiebre” o “entrada en celo” puede marcar la diferencia. En Argentina, existe un interés creciente. 

Pastoreo dirigido y sistemas mixtos

Muchos productores argentinos combinan pastoreo con engorde o recría, o rotan entre pasturas y corral. En esos escenarios, los sensores sirven para entender la carga animal, los días efectivos de ocupación, biomasa remanente, etc. 

La tecnología satelital o drones se complementan con sensores terrestres. Por ejemplo, plataformas que a través de WhatsApp permiten al productor subir datos desde el celular, que luego se interpretan vía inteligencia artificial, incluso sin buena cobertura. 

Beneficios concretos y también los ‘pero’

Beneficios:

  • Cuando un collar inteligente detecta que un animal está comiendo menos o su rumia cambió, se puede actuar antes de que la enfermedad se extienda. Esa “alerta temprana” reduce pérdidas.
  • En un comedero inteligente se puede ver cuántos kilos ingirió cada vaca, cuándo lo hizo, cuántos animales lo usaron, y detectar dominantes que se comen más de lo debido.
  • Trazabilidad: cuando los datos están digitalizados, el productor puede presentar ante frigoríficos o exportadores información de consumo, productividad, salud.
  • A nivel manejo de pasturas: sensores/registros permiten saber cuánta biomasa queda, cuántos días de ocupación restan, cuándo mover los animales, lo que puede evitar sobrepastoreo.

Los “pero”:

  • La conectividad en muchas zonas de la Argentina es limitada, y si el sensor depende de señal de celular o internet, puede fallar. Por ejemplo, algunos collares funcionan con radiofrecuencia local antes de transmitir a la nube, lo que ayuda, pero no elimina el reto completamente.
  • El retorno de la inversión varía mucho según escala, tipo de producción, densidad de animales, manejo previo. No hay garantía de que la tecnología pague sola; depende del productor sacar el máximo provecho.
  • El cambio de costumbres: incorporar sensores implica capacitar al personal, adaptar protocolos, estar atento a la información que se genera. Si los datos no se interpretan, el sensor se convierte en “un aparatito más”.

Factores a tener en cuenta antes de dar el paso

Si un productor considera implementar sensores, conviene mirar varios aspectos:

  • Escala de producción: ¿Cuántos animales tengo? ¿Cuál es el tipo de ganadería? Cuanto mayor sea la densidad o la concentración, mayor será el beneficio potencial del sensor individual.
  • Infraestructura de campo: cobertura de datos móviles o radio local, antenas, servidores en nube, personal que monitoree los datos.
  • Manejo actual: Si el sistema es muy artesanal, la tecnología puede mostrar brechas grandes pero también requerirá cambio de hábitos.
  • Costos versus retorno: Comprar sensores, instalarlos, conectarlos, capacitar personal… todo eso tiene un costo. Hay que estimar qué problema se quiere resolver.
  • Tipo de ganadería y objetivo: En sistemas de cría extensiva los sensores a veces sirven más para monitoreo general y optimización de recursos; en engorde intensivo o lechería pueden servir para decisiones individuales.
  • Interpretación de los datos: Tener sensores no basta; hay que aprovechar la información que generan. Si los datos no se analizan o no se actúa ante las alertas, el efecto será limitado.
  • Contexto ambiental y sanitario: En regiones con variabilidad climática, conectividad precaria o problemas sanitarios frecuentes, la tecnología puede aportar mucho, pero también deberá adaptarse a esas condiciones.

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