¿Por qué es importante la temperatura del suelo?
La temperatura del suelo es un factor crucial para el crecimiento y desarrollo de las plantas, ya que influye directamente en una serie de procesos biológicos esenciales, como la germinación, la absorción de nutrientes, el desarrollo radicular y la fotosíntesis.
En un contexto de cambio climático, donde las temperaturas extremas se han vuelto más frecuentes en los últimos años, comprender y gestionar la temperatura del suelo se ha convertido en una prioridad para agricultores y productores agropecuarios. Variaciones bruscas pueden comprometer rendimientos enteros, afectando no solo la salud de los cultivos, sino también la sostenibilidad de los sistemas productivos.
Sin dudas que el cambio climático impacta directamente en la temperatura del suelo y, por ende, en las plantas. A continuación, te explicamos en detalle por qué es tan importante monitorear y regular esta variable, qué sucede cuando sube demasiado, qué especies ayudan a estabilizarla y cómo elegir plantas adaptadas a diferentes climas. Esta guía práctica te ayudará a optimizar tus cultivos y enfrentar los desafíos ambientales con mayor éxito.
La temperatura del suelo y su impacto en las plantas: razones clave
La temperatura del suelo es uno de los factores ambientales más influyentes en el entorno radicular de las plantas. Mientras que la temperatura del aire es visible y fácil de medir, la del suelo opera de manera subterránea, pero determina el éxito o fracaso de todo el ciclo productivo. Aquí detallamos las principales razones por las que debes prestarle atención:
- Germinación dependiente de rangos óptimos: Cada especie vegetal tiene un intervalo específico de temperatura para germinar con éxito. Por ejemplo, el maíz requiere entre 10°C y 35°C, con un óptimo de 25-30°C, mientras que el trigo puede germinar a partir de 4°C. Si el suelo está por debajo de estos umbrales, las semillas permanecen dormidas o mueren por falta de energía para romper la cubierta. Temperaturas excesivas, superiores a 40°C, desnaturalizan enzimas y proteínas, impidiendo el brote. En Argentina, en regiones como el NOA, donde las noches frías retrasan la siembra, medir la temperatura del suelo con sensores es una práctica cada vez más común.
- Absorción de agua y nutrientes: Las raíces absorben elementos como nitrógeno, fósforo y potasio de forma más eficiente entre 15°C y 25°C. A temperaturas bajas (por debajo de 10°C), la actividad de las micorrizas y bacterias fijadoras de nitrógeno se reduce drásticamente, limitando la disponibilidad de nutrientes. En contraste, suelos por encima de 35°C provocan estrés hídrico, ya que las raíces cierran estomas para evitar la pérdida de agua, lo que agrava la sequía. Estudios de la INTA muestran que en campañas con veranos calurosos, como la 2022-2023, los cultivos de soja perdieron hasta un 20% de rendimiento por este motivo.
- Desarrollo radicular y fotosíntesis: Una temperatura adecuada promueve el alargamiento de raíces primarias y secundarias, esenciales para anclar la planta y explorar volúmenes mayores de suelo. Temperaturas óptimas aceleran la división celular en tejidos meristemáticos. Sin embargo, el calor extremo daña las membranas celulares, reduciendo la tasa fotosintética en hojas. En cultivos perennes como la vid, un suelo demasiado frío en invierno puede causar pudrición radicular, mientras que el calor veraniego en el Valle de Río Negro ha impulsado el uso de mulching para mitigar estos efectos.
- Actividad microbiana y salud del ecosistema edáfico: El suelo es un ecosistema vivo con miles de millones de microorganismos por gramo. Bacterias como Rhizobium y hongos micorrícicos prosperan entre 20°C y 30°C, descomponiendo materia orgánica y liberando nutrientes. Temperaturas extremas matan estas poblaciones, rompiendo el equilibrio biológico y favoreciendo patógenos como Fusarium. En sistemas orgánicos, mantener una temperatura estable es vital para la fertilidad natural.
Monitorear la temperatura del suelo no es un lujo: herramientas como sondas digitales o estaciones meteorológicas integradas permiten decisiones precisas en siembra y riego.
¿Qué pasa si aumenta la temperatura del suelo?
Un incremento sostenido en la temperatura del suelo, impulsado por olas de calor, deforestación o labranza excesiva, genera efectos en cascada negativos. Las plantas entran en estrés térmico, cerrando estomas para conservar agua, lo que reduce la fotosíntesis y el crecimiento. En cultivos como el girasol, temperaturas superiores a 32°C en el suelo durante la floración provocan esterilidad polínica, cayendo rendimientos hasta un 50%.
Otros impactos incluyen:
- Mayor evaporación y sequía: El suelo caliente acelera la pérdida de humedad, obligando a riegos más frecuentes y costosos.
- Proliferación de plagas: Insectos como gorgojos y nematodos se activan con el calor, atacando raíces debilitadas.
- Pérdida de materia orgánica: La descomposición rápida libera CO2, pero agota reservas a largo plazo.
- Efectos en cadenas tróficas: En pastizales, el calor afecta gramíneas, reduciendo forraje para ganado.
En Argentina, el informe del IPCC 2023 destaca que el calentamiento del suelo en la Pampa Húmeda podría reducir la productividad agrícola en un 10-15% para 2050 si no se adoptan medidas adaptativas.
Plantas que regulan la temperatura del suelo
Afortunadamente, ciertas plantas actúan como «termorreguladores» naturales, estabilizando la temperatura mediante sombra, retención de humedad y barreras físicas. La cobertura vegetal es la estrategia más efectiva y económica.
- Coberturas de ciclo corto: Trébol blanco, avena y vicia forman mantos densos que reflejan la radiación solar, manteniendo el suelo 5-10°C más fresco durante el día. En invierno, aíslan contra heladas. En la región pampeana, rotaciones con centeno de cobertura han aumentado rendimientos de soja subsiguiente en un 15%, según ensayos de AACREA.
- Árboles en sistemas agroforestales: El algarrobo (Prosopis alba) y el palo verde (Parkinsonia aculeata) proporcionan sombra extensa, reduciendo temperaturas pico en 8-12°C. En el Chaco, quebrachos y ceibos integrados en silvopastoriles protegen suelos arenosos del sobrecalentamiento.
- Pastos enfriadores: Especies como el gatton panic o el buffel grass crecen rápido, cubriendo suelos y disipando calor por transpiración. En zonas ganaderas del NEA, reducen erosión y mantienen temperaturas estables para mejor ganancia de peso animal.
Incorporar estas plantas no solo regula la temperatura, sino que mejora la infiltración de agua y la biodiversidad. Para más sobre innovaciones en monitoreo, consulta nuestra nota sobre.
Plantas que se adaptan a temperaturas extremas
La adaptación es clave en un mundo cambiante. Muchas especies han desarrollado mecanismos fisiológicos para sobrevivir a rangos amplios:
- En climas cálidos y áridos: Suculentas como agave, nopal y pitaya almacenan agua en tallos y raíces, tolerando suelos a 45°C. En Cuyo, el olivo y la vid adaptadas resisten veranos intensos gracias a raíces profundas que acceden a humedad subterránea.
- En climas fríos: Trigo de invierno, cebada y centeno entran en dormancia, deteniendo metabolismo ante heladas de -15°C. En Patagonia, la alfalfa autótumna resiste vientos glaciares manteniendo follaje.
- Especies nativas argentinas: En los Andes, la quiñoa soporta noches de -5°C y días de 30°C. En el Chaco, el tatayú y el caraguatá fijan nitrógeno en suelos calientes. Estas plantas minimizan insumos, promoviendo agricultura regenerativa.
Elegir variedades adaptadas, como las desarrolladas por el INTA, es esencial. Por ejemplo, maíces tolerantes al calor en el NOA han elevado rendimientos en un 20% pese a sequías.
Estrategias prácticas para gestionar la temperatura del suelo
Más allá de las plantas, técnicas como el mulch orgánico (restos de cosecha) reduce fluctuaciones en 4-6°C. El riego por goteo enfría el suelo al evaporar agua lentamente. La siembra directa preserva estructura y humedad, amortiguando extremos.
En resumen, la temperatura del suelo es el «termómetro oculto» de tus cultivos. Monitorearla y regularla con coberturas y especies adaptadas no solo boosts productividad, sino que fortalece la resiliencia climática.
Promover estas estrategias contribuye a una agroindustria sostenible, beneficiando al productor y al ambiente. En Rotoplas Agro, te acompañamos con soluciones integrales para optimizar tu suelo.